Link accede a lo desconocido y descubre de qué madera están hechos los héroes.
Atención: el presente artículo contiene información sobre la evolución y la trama de las primeras horas de juego de Twilight Princess.
Eres Link. Hace un par de días estabas pastoreando cabras, pero todo cambió de repente. Una banda de demonios recorrió tu aldea a plena luz del sol para abducir a tus amigos y las tinieblas se apoderaron de lo que consideras tu hogar.
Pero no solo ha cambiado el mundo que te rodea, tú también has cambiado. Cuando cruzas una de las tenebrosas fronteras que separan tu aldea del misterioso Ocaso te conviertes en un lobo, mientras que los demás quedan reducidos a sombras bajo su embrujo. Se dice que eres un héroe castigado por los dioses, el único capaz de vencer al Twilight King (el Rey del Ocaso). Pero a medida que abandonas los confines de tu aldea y el mundo se muestra ante ti, te invade la desesperación: ¿cómo es posible que un joven como tú mismo llegue a salvar un mundo tan grande?
Y no obstante, en tu avance por los campos, no puedes dejar de admirar la abrumadora belleza de la tierra desde el primer momento en que pisas Hyrule Field. A pesar de la torva oscuridad que, a lo lejos, nubla vastas extensiones, sientes que se despierta dentro de ti una incontrolable emoción. Unas extrañas criaturas parecidas a aves te atacan con excrementos explosivos, pero te deshaces de ellos con unos cuantos mandobles. Pero, de repente, suena un chillido a tus espaldas.
Una esquelética bestia se abalanza desde el cielo y te derriba. Según te levantas, te das cuenta inmediatamente de que se aproximan otras dos criaturas similares. Huyes hacia el oeste y vuelves a cruzar la frontera con las tinieblas… donde emerges como un lobo. Has conseguido evitar la amenaza más inmediata, pero tu nuevo siniestro entorno no tiene mucha mejor pinta.
Pero tu amiga Midna está como en su salsa. El Ocaso es su hogar y se nota que le desagrada tu mundo tanto como a ti te aterroriza el suyo. Además, empezáis a tener algunos roces, pero, para bien o para mal, parece que es la única que te puede ayudar a cruzar la frontera al Ocaso. Y está claro que te necesita tanto como tú a ella.
Con tus sentidos animales, pronto encuentras la pista de tus amigos desaparecidos y prosigues tu aventura. Después de todo, necesitan un héroe.
La pista te lleva a un escalofriante cañón que aloja los destartalados edificios de un pueblo llamado Kakariko Village, en el que te encontrarás con Eldin, el segundo Espíritu de Luz enviado por los dioses. Te pide que llenes un Vessel of Light (Recipiente de luz), porque los insectos de luz han robado las lágrimas que le daban su energía.
Esta tarea te lleva al hogar de Renado, el chamán del pueblo, que se está ocupando de vigilar a tus amigos. Pero ninguno de ellos se ha dado cuenta de que están en el Ocaso, atrapados en una pesadilla sin fin desde la que ni siquiera se pueden dar cuenta de que estás cerca. No hay más que ver sus caras de terror para saber lo que necesitan.
Por un estrecho sendero que cruza el cementerio, te acercas a Death Mountain (Monte de la Muerte). El espíritu de un Goron, un morador de las rocas, tirita a tu paso. Recoges las lágrimas de luz una a una mientras esquivas una avalancha de rocas en llamas y el calor de cien geysers, no puedes permitirte un segundo de respiro hasta que el Espíritu de Luz retire el embrujo de las tinieblas. En ese momento, la luz vuelve al pueblo y tú, a tu forma humana.
El orgullo en las miradas de tus amigos, el brillo en sus ojos porque les has salvado de una pesadilla, te emociona. Pero Renado te explica que la vida en este pueblo desierto dio un vuelco mucho antes de que los monstruos llegasen y obligasen a todo el mundo a cerrar las puertas a cal y canto.
Allí donde solía haber una coexistencia pacífica entre humanos y Gorons, la tribu de comedores de piedras no dejan que nadie se acerque a su hábitat en Death Mountain, a menos que se esté dispuesto a luchar. Por lo visto, la única persona que les igualó en la batalla y se ganó su respeto fue el alcalde de Ordon Village. Vuelta a casa...
Tras reencontrarte con tu caballo Epona, decides ir a hacerle una visita a un viejo amigo, cruzando los dedos para que los niños estén fuera de peligro durante tu ausencia…

Link se enfrenta con el mal en persona y se dirige a Goron Mines
Atención: el presente artículo contiene información sobre la evolución y la trama de las primeras horas de juego de Twilight Princess.
Eres Link. Acabas de volver de una breve pausa en casa, donde el alcalde te ha enseñado un secreto que resultará muy útil en tu aventura. Regresas a toda prisa a Kakariko Village a lomos de tu fiel Epona, estás ansioso por probarlo contra el Goron que guarda el sendero a Death Mountain...
Pero durante tu ausencia, una banda de aguerridos guerreros montados en cerdos marcha sobre tu aldea para aterrorizar a los aldeanos y secuestrar a tu amigo Colin. Y a continuación viene la mayor pelea hasta el momento, en una desolada llanura, intentando luchar contra una horda enemiga mientras persigues a su jefe.
Cae un rayo y en la espesa lluvia parece que las flechas encendidas vienen de todas partes. Mientras haces verdaderos esfuerzos por no caerte del caballo, consigues llegar a unas pequeñas ruinas en cuyo interior se esconde la entrada al Puente de Eldin, un estrecho puente de piedra que salva un profundo barranco. Además, este puente va a ser el escenario de un duelo a todo o nada...
… y será todo. El héroe que llevas dentro se despierta y aplasta a tu adversario. Emerges victorioso, consciente de que naciste para culminar esta gesta épica. Eres Link, el héroe de leyenda.
Consciente de que un escudo de madera servirá para más bien poco en lo alto de Death Mountain, te gastas hasta la última rupia en uno algo mejor y empiezas el ascenso. El guardia Goron intenta detenerte, pero con la ayuda del secreto del alcalde, en seguida haces que se arrepienta. No te vayas a creer que esto te garantiza acceso libre, pero con cada Goron al que te enfrentas, te vuelves más fuerte y más convencido de subir hasta la cima.
Pero por fin tu insistencia da fruto y ahí estás, frente a frente con uno de los ancianos Goron. Admira tu fuerza y te explica el terrible destino que sufre su tribu y su patriarca. Darbus, el jefe Goron, que había jurado proteger un tesoro entregado por el Espíritu de Luz, se convirtió en un terrible monstruo al acercarse demasiado a tal fuente de poder. Por el bien de todos, ahora está encerrado en el fondo de Goron Mines
Resulta que puede que exista un arma transmitida de generación en generación, un arma que pertenece al Héroe del tiempo y que en las manos adecuadas, podría amansar a la fiera y salvar a la tribu.
Así que ahora que ya sabes qué hacer, te diriges a las minas para buscar el arma y al resto de los ancianos, que tienen la llave de la guarida del monstruo. Es como caminar por una fundición, con sus habitantes en llamas que intentan desesperadamente arrastrarte a las candentes profundidades. La maquinaria de metal oxidado rechina cuando pisas los pedales. Y cuanto más avanzas en las entrañas de la montaña, más sientes el eco del mal que se esconde en su núcleo.







